RESEÑA LANZAMIENTO – El tren de fuego que arrasó con la tierra indomable
El crepúsculo se amarra al horizonte trayendo consigo la nostalgia, mientras dejo atrás una ciudad que aprendió a palpitar con vida propia.
El calor abrasador ha dejado de importarme, y no puedo dejar de sentir la euforia de una noche que dejó de ser tan sólo penumbra, para convertirse en un emblema de libertad. Y es que, al final, ese es el sentido de todo: hacer de la libertad, un sueño alcanzable.
Hace unos días recibí la invitación al lanzamiento oficial de la ópera prima de la banda de heavy – rock más influyente de la región: ZENDAS.El álbum había llegado a mis manos unos cuantos meses atrás. Orgulloso e imponente, atravesado por el indio que ha roto sus cadenas, y que recorre los campos bajo el nombre que se convierte en la raíz de esta historia: “Sueño de Libertad”. Es cierto que acostumbramos subestimar aquello que consideramos cercano, y nos cuesta creer que la gente que comparte nuestra cotidianidad pueda trascender.
Pero la presentación de lujo en formato digipack, con diseño e impresión impecables, hace que nuestro escepticismo empiece a flaquear.Y los primeros acordes del disco eliminan cualquier duda con su contundencia.

Un trabajo muy bien logrado, que refleja las incontables horas y el abrumador esfuerzo que significa hacer rock profesional en este universo vallenato.La expectativa no puede ser más grande. El calor abrasador me recibe en su regazo, en la mañana del 21 de julio. Barrancabermeja. La cuna del petróleo. La ciudad que palpita. A lo lejos, el humo de las antorchas de la refinería. El inconfundible olor a ciénaga y a combustión.
La gente que se mece con parsimonia bajo el árbol que cobija su puerta, escuchando alguna canción perdida.Es difícil llegar a un destino sin haber navegado el pasado, y es este pasado lo que ha traído a la banda de vuelta a sus orígenes, a pesar de haberse radicado finalmente en Bucaramanga. Un homenaje a la que ellos mismos llaman “la Tierra Indomable”, un agradecimiento a quienes los vieron crecer, escuchando aquella música subterránea.
El salón Cusiana del club Infantas se convierte en el escenario de la noche. Un sitio que puede parecer demasiado sobrio a los ojos de algunos, pero que demuestra de manera inmediata la magnitud del evento.La impaciencia me consume. Me paseo por el tablado vacío, impresionándome ante el sorpresivo montaje escénico, que no deja de ser monumental para una banda tan joven.

El escepticismo se aloja nuevamente en mi pecho. ¿Cómo estar a la altura de un trabajo que rompió todos los esquemas para las bandas locales? ¿Cómo ser tan contundentes en un escenario?La noche me alcanza. La publicidad convoca al público a las siete; las puertas se abren dos horas después. La asistencia es nutrida. Tal vez quinientas personas; quizás un poco más.
El calor empieza a sentirse. La temperatura sube, junto con el ánimo. La hora de los invitados llega, y el silencio dibujado con murmullos se rompe ante la música de Red Sun, banda bumanguesa de rock contemporáneo. Sonidos que van desde lo clásico hasta lo industrial. Interpretaciones correctas, composiciones novedosas y momentos de ejecución instrumental bastante notables. La gente los aplaude, y la banda se retira del escenario con satisfacción, aun sabiendo que sus mejores momentos están por venir.

Los sigue La Tocca, otro puñado de barramejos asentados en Bucaramanga. Sus sonidos son tan peculiares que pueden resultar abstractos. Acordes progresivos, interpretaciones que rayan en el virtuosismo. Un show que inicia con una cumbia acompañada de tamboras, en el instante más curioso de la noche.
Un grupo de buenos intérpretes que tienen el valor de presentar una propuesta totalmente opuesta a lo que acostumbramos, pero que sufren un poco por la falta de los instrumentos y equipos adecuados. El reloj ha pasado la línea de las once, cuando los progresivos se retiran. Expectación y nerviosismo.
Presión absoluta para aquellos que están a un paso de subir al escenario. El anuncio del hombre tras el micrófono hace que todos se pongan en pie, y que las fronteras del tablado se ocupen con los espectadores que hasta ahora se han mantenido a la distancia. Las luces se extinguen, permitiendo que la oscuridad extienda su dominio. Las sombras se mueven, los ojos se esfuerzan por distinguir las figuras.
Y en un segundo, todo estalla al unísono, recordándonos el por qué decidimos alimentarnos de esta música que nuestros ancestros no pueden comprender.“Génesis”. La instrumental que da inicio al álbum, se convierte en la embocadura de la noche. Una frase de guitarra tan directa y poderosa, que casi puede escribirse en el papel.

El sonido es contundente, demostrando el trabajo previo al evento. Las luces dibujan líneas verdes que atraviesan el recinto, y se combinan en una coreografía que poco a poco enloquece a la audiencia.El humo se desliza sobre el aire, cubriendo a los músicos con una bruma exquisita. Y todos se asombran ante lo inesperado: un show totalmente profesional, con una banda que ha decidido dejar de ser una más, para convertirse en parte de los grandes.El escepticismo ya no existe. Tan sólo el disfrute y la alegría, y los coros que se elevan y rompen el cielo, saliendo desde el alma de cada uno de los asistentes, que gritan las frases de “Babilonia” como si las hubiesen escuchado desde siempre.
La velada continúa, y las canciones se abrazan una tras otra, en un recorrido que alcanza todas las pistas del trabajo. Los momentos emotivos no se hacen esperar, y todos se dejan llevar por la emoción cuando la bandera de la patria es extendida ante la escena, como un estandarte orgulloso que se deja izar ante un nuevo himno por una noche: “La carta del indio”.“Deseo de mi destino”, canción nunca antes interpretada en vivo, deja paso al sonido acústico del bajo y la guitarra.Otros temas no tan habituales adornan la noche, y el inicio melancólico de “El miedo y la sangre” invita por un momento a la reflexión.
Los éxitos, que pueden parecer prematuros para una banda que está lanzando su primer trabajo, no se hacen esperar.

Los acordes de “Crucificando al amor” oprimen el estado de ánimo de los presentes, que se dejan llevar por la batalla perdida en el silencio, escuchando la guitarra desgarradora que se extiende por algunos minutos, con la sensibilidad del intérprete en libertad.
Y esta libertad, convertida primero en sueño y luego en canción, es coreada con furia por la multitud, que cada vez se contagia más de la fuerza de esta música, y que ya no puede mantenerse pegada al suelo del salón, saltando sin cesar.
Entonces, el homenaje a la ciudad del sol implacable. No puedo compartir el orgullo de aquellos que no son mis coterráneos.Por eso los envidio. Y es que no hay mejor nombre para este lugar inhóspito, que aquel que “ZENDAS” ha decidido regalarle: “Tierra indomable”.
Un instante de añoranza, acompañado por el vocalista de “Hijos de Caín”, quien grabó la voz del tema en estudio y que ahora recorre el escenario coreando las palabras.El final llega con “El libertador”, después de casi hora y treinta minutos de concierto que han dejado sin aliento a los asistentes.

El sistema de refrigeración del recinto no puede apagar el calor de tantas almas, y la temperatura arranca gotas de sudor de nuestras frentes.Los acordes de guitarra y teclado suenan en un epílogo, y los nombres de los integrantes son pronunciados uno tras otro por el vocalista. Chris y Willcast en las guitarras, Edd en el bajo, Joao en los teclados y Jairo en la batería.
El vocalista descansa por un instante, mientras Edd toma el micrófono, y lo presenta como aquel que noche tras noche ha demostrado el por qué del lugar que ocupa, convirtiéndose poco a poco en leyenda. Nacho, en la voz. El evento termina más allá de la medianoche. La gente sigue dando vueltas por el salón, negándose a marchar.
Algunos se acercan y se toman fotografías con los músicos. Otros tan sólo los abrazan, compartiendo el sabor de la victoria.¿Un concierto perfecto? No. Tal vez no exista tal cosa.
Siempre estará presente la falla en el sonido, o la nota mal alcanzada, o la sonrisa cómplice entre los integrantes de la banda, que saben de manera exclusiva que la entrada no fue la correcta o que la línea instrumental fue maltratada.

Lo único cierto es que lo que vi aquella noche fue una demostración del contenido del espíritu de seis jóvenes que decidieron creer, como muy poca gente lo hace hoy en día.Tal vez algunas cosas pudieron mejorarse.
Es difícil decirlo, mientras siento el dolor en el cuello que no me abandona, producto de una hora y media de agitar mi cabeza sin parar. El crepúsculo ha quedado atrás, y la noche cubre el horizonte, matizada con algunas estrellas.
Mi ciudad me recibe, y respiro de nuevo el aroma de mi tierra. Quisiera que fuera la tierra indomable. Me gusta pensar que este es el inicio del camino, y que no pasará mucho tiempo antes que todos hagamos parte del mismo sentir.
La nostalgia ha sido reemplazada por la tranquilidad. Espero estar pronto escuchando de nuevo esos acordes, en un show que tal vez no sea tan pretencioso, pero que de seguro traerá consigo otros buenos momentos.Aquella noche es historia.
Y me pregunto entonces de qué están hechos los sueños, y por que hay algunos que tienen la fuerza para creer en ellos por encima de todo. Recuerdo a “ZENDAS” arrancando aquellas palabras de mi garganta.
La idea me hace sonreír. Quizás ellos hayan encontrado la respuesta. Pues por una noche, bajo la luna de plata, los sueños de todos estuvieron hechos de una cosa…Estuvieron hechos, de libertad.
Edgar Marín
Julio 24 de 2007
Noviembre 6, 2007 a 1:32 pm
es una vanda super super roquera po loco y el bideo pa que desir estupendo po olle y las fotos como que una sale un loco raro chaoo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! rockeros llieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee